Pocas articulaciones soportan tanta exigencia como las rodillas. Colaboran en el trabajo antigravitatorio, en cargar nuestro peso, en trasladarnos por el espacio y en amortiguar el impacto sobre la tierra de nuestros movimientos. Las rodillas guardan el secreto que nos permite una carga de peso grácil y sin esfuerzo, capaz de llevarnos en una espiral continua desde las posiciones de estar sentado o acostado a estar de pie y de trasladarnos por el espacio con una sensación de propósito y seguridad.
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